Museo Vostell

 

Museo Vostell,Malpartida de caceres-4

Museo Vostell-4

MUSEO VOSTELL EL GUGGENHEIM EXTREMEÑO

Museo Vostell,Malpartida de caceres-8

Museo Vostell-8

El artista alemán Wolf Vostell se enamoró de una extremeña, Mercedes, maestra de escuela. Después de Extremadura. Vostell que había nacido en Leverkusen,en el año 1932 tenia su estudio en Colonia, luego en Berlín; iba y venia del bullicio de las ciudades a la tranquilidad de las dehesas extremeñas. En una de sus escapadas, en 1974, se encontró con Los Barruecos y ya no quiso recorrer más mundo: se afincó en Malpartida de Cáceres, y aquí, en un lavadero de lanas del siglo XVIII junto a la laguna conocida como la  charca del Barrueco de Abajo, instaló su museo. Declaró aquel paraje “obra de arte d3e la naturaleza” (la junta de Extremadura hizo lo mismo veinte años mas tarde, cuando lo declaró monumento natural). Hoy día los más de 30.000 personas que lo visitan cada año no solo ven las obras de Vostell sino la de artistas como Yoko Ono, la viuda de John Lennon, o la importante colección donada por el editor italiano Gino di Maggio, consistente en más de 200 creaciones fluxus.

Museo Vostell,Malpartida de caceres-7

Museo Vostell-7

Vostell falleció en Berlin en 1998 un año antes de la inauguración de la segunda fase de su museo, pero nos dejó la certeza de que su obra ha conocido la repercusión internacional que sin duda merece. Un automóvil (el objeto que más se repite en los trabajos de Vostell) como plato único, otro cuyo motor tiene una noble alma musical, una escultura que parece escapar de un cuadro, radios y televisiones que ya no tienen mensajes, un lugar vacío y destrozado y una montaña de envases de cristal vacíos. Extrañas paradojas de un mundo que el artista retrata con perplejidad. Automóviles y moyos integrados en la naturaleza, enredados en un colosal laberinto de cemento y metal o destrozados junto al pan nuestro de cada día, y un piano iluminado como un casino en Las Vegas. La imaginación de las obras de Wolf Vostell le lleva siempre a elaborar exageradas metáforas de nuestra cotidianidad.  

   

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